CZ Dan (Crazy Dan)

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Índice

  1. Libertad
  2. Culpable
  3. Dos mejor que uno
  4. Te quiero
  5. Mal asunto
  6. Sin nombre
  7. No sé quién eres
  8. Nada es lo que parece

 

 

 

Libertad

 

Dan revisaba el sobre que el guardia le había entregado, mientras esperaba en la puerta de aquella maldita prisión.

Había sido su casa durante cinco años y era la tercera vez que salía de ella con un sobre de pertenencias. En aquel sobre estaba su vida, unos cuantos dólares, un viejo Zippo y las llaves de su apartamento, la cueva de CZ Dan.

Todavía no entendía porque le habían llamado el loco Dan, si bien era cierto que a su paso solo quedaba destrucción, nunca era él quien la provocaba, o por lo menos eso creía.

Llevaba una hora en la puerta y le quedaba una más para que el autobús pasara, en la carretera solo se veía venir un viejo Chevrolet que desprendía una nube de humo visible a kilómetros, no fue hasta que lo tubo a quinientos metros que pudo reconocer a George.

Creía que nadie se acordaría de ir a buscarlo, su hermano Jeff hacía tiempo que no quería tener relación con él, y seguramente no le faltaban motivos, y sus padres murieron cuando él y Jeff tenían tan solo diez años.

-“George”-, pensó, él siempre está ahí, decían que había trabajado para un prestigioso bufete de Detroit, que perdió su trabajo por enfrentarse a una multinacional a la que representaba y le culpaban de haberle costado más de doscientos cincuenta millones de dólares. – “¡doscientos cincuenta millones! ” – En su barrio vivían tipos que por cien pavos te quitaban de la circulación y aquel abogado les había costado una fortuna y todavía seguía con vida, algún as debía tener en la manga.

Después de eso, nadie le dio trabajo y se dedicó a defender a todos los pobres desgraciados de la ciudad, entre los que se encontraba él mismo.

-Buenos días Dan-, – ¿Te llevo? 

Dan no contesto, abrió la puerta del acompañante y entró en el coche sin mirar atrás.

El viejo Chevrolet bramó y empezó a moverse en dirección a Detroit dejando tras de sí una nube negra y espesa.

– ¿Tienes dinero?- le dijo George.

-Te puedo dejar algo para los primeros días, ya sabes, mientras te sitúas y eso.

Dan miraba por la ventanilla observando el atardecer caer sobre los campos sin decir nada.

Pasaron unos largos minutos en silencio, mientras entraban en el extraradio de Detroit.

-¿Es qué no piensas hablarme?- -¿Hice lo que pude, casi matas a aquel hombre?

Dan giro la cabeza lentamente -Para George-

El Chevrolet se detuvo – Dan, no pude hacer más y lo sabes, la chica no quiso declarar, no habían más testigos y tú reputación…-

-Gracias por traerme- Dan abrió la puerta del coche y se bajó.

-¡Dan! No te metas en líos, recuerda que tú solo no puedes salvar el mundo, te lo digo por experiencia.

Con una mirada rápida Dan se despidió de su abogado y empezó a caminar hacia la primera bocacalle que se veía. Dan tenía claro que George no había tenido la culpa de nada, de hecho, lo había intentado todo, además se podía decir que se había convertido en un buen amigo, durante los cinco años de condena le había visitado en la cárcel y le había enseñado a jugar al ajedrez, pero en estos momentos le recordaba demasiado algo que quería dejar atrás.

Sin saber muy bien porqué, comenzó a caminar esquivando la avenida principal, buscando el refugio del primer callejón que encontró.

Mientras caminaba tubo una extraña sensación – “¿miedo?” – Se preguntó.  No, no podía tener miedo, había pasado la mayoría de su infancia en callejones mucho más oscuros.

Siguió avanzando acompañado de aquella extraña sensación de alerta, hasta que un bulto en el suelo le llamo la atención y se detuvo. No se definía muy bien, estaba a unos cincuenta metros de él y a otros tantos de la salida del callejón a la siguiente avenida. Forzó la vista y le pareció que el bulto empezaba a moverse en el suelo con dificultad -“¿un borracho?” Pensó. Podía ser, allí se daban cita muchos de ellos para beber sin ser molestados, pero en todo caso, era un borracho muy menudo.

-“¿Pero qué hacia allí parado?” Se preguntó, sin pensar más avanzo hacia él por el lado contrario del estrecho callejón, sin intención de mirar mucho más aquel bulto humano, hasta que estuvo a pocos pasos y empezó a oír un leve gemido, un gemido casi infantil.

Cuando giro la cabeza no vio un borracho, si no, una mujer tirada en el suelo que llevaba una gabardina beige y unos tacones negros. Tenía la cabeza contra el asfalto y su bolso de Prada estaba a un metro de ella.

-Señora, ¿se encuentra bien? – No hubo respuesta

-¡Señora!

Dan giro el menudo cuerpo y se encontró con la mirada de quien se esta yendo de este mundo, la mujer lo miraba con los ojos tristes, movió los labios y dijo una frase sin sonido, sonrió y cerró unos hermosos ojos azules.

Dan no sabía qué hacer, quiso gritar, miro a un lado y a otro del callejón, nadie, solo el ruido de los coches que circulaban por la avenida.

-“El bolso”- Dan cogió el bolso de Prada y empezó a vaciarlo, una billetera bien repleta con el de nombre de Susan bordado cayo al suelo, unas llaves, pero ni rastro de un móvil para llamar, con el bolso en la mano se incorporo y justo cuando iba a salir corriendo en busca de ayuda, una luz le cegó.

-¡Policía! no se mueva- dijo una voz joven y temblorosa.

Dan acababa de escuchar las dos palabras que más odiaba en este mundo, sin saber muy bien porqué, se giro sobre si mismo y empezó a correr, a su espalda oyó varias veces aquella frase, pero cuando se atrevió a girarse, el joven policía estaba sobre la mujer hablando por la radio de su hombro.

Dan hizo lo que llevaba haciendo desde que nació, huir.

 

Mientras a Dan se le salían los pulmones por la boca, unos ojos que lo habían visto todo seguían sobre el callejón, la policía había avisado a una ambulancia, aquella mirada espero hasta ver llegar un furgón negro del que sacaron un saco del mismo color, entonces aquellos ojos se entornaron y bajo ellos apareció una sonrisa, la única de todo aquel maldito callejón.

Algunas calles más lejos.

-“Piensa Dan piensa, van a creer que fuiste tú”- “no me podía quedar “- Dan corría a la misma velocidad que su mente hasta que se golpeo con un vehículo que le cerraba el paso.

-Sube Dan- dijo el conductor.

Una vez dentro el coche arranco…

 

Culpable

 

En un callejón de Detroit un policía lloraba entre dos ambulancias, era la primera vez que veía un cadáver, de hecho, era la primera vez que patrullaba solo.

Mientras, a unos pocos metros otros policías con más experiencia revisaban la escena del crimen, entre ellos se encontraba John Wells, del que se decía, que a sus cuarenta años estaba a punto de ser una leyenda en el cuerpo por el numero de casos resueltos.

-¿Dónde está el agente que la encontró?-  Pregunto Wells al sargento que estaba al mando.

-Creo que está vomitando, detective, era su primera patrulla y le ha tocado el gordo- Respondió el sargento con aire jocoso, mientras otros agentes a su alrededor se reían.

Wells solo tuvo que levantar la vista para que todos callaran y el sargento empezará a ponerse firme, a Wells le iban las bromas tanto como a cualquiera, pero se tomaba muy en serio lo de proteger y servir, y esa noche habían fallado en lo primero. No había motivo para las risas.

-Dele cinco minutos y vaya a buscarlo, tengo que hablar con él- dijo Wells con tono afable, pero qué sin embargo no dejaba duda de que era una orden.

 

 

A pocas manzanas un Chevrolet aparcaba delante de unos pequeños apartamentos.

-¿Vas a decirme ahora de qué corrías ?- dijo George a Dan mientras este todavía temblaba.

-Había un bulto, no sabia que era, no sabia que estaba herida …

-¡Por Dios Dan! no me fastidies, no llevas ni dos horas fuera de la cárcel, te he dejado solo quince minutos ¡quince miserables minutos! y ya estamos otra vez- George se removía en el asiento como si estuviera en la cama de un faquir.

-George, te lo juro, yo solo la gire- Dan se callo, apretó los dientes y miro al suelo del viejo coche.

-Esta bien, entremos en tu apartamento y me lo explicas mejor.

 

 

Mientras tanto, un joven de la misma edad que Dan, daba su versión de los hechos: Edad, pelo, constitución e incluso posible móvil, el robo del bolso con el dinero.

Wells escucho atentamente a aquel novato sin interrumpirlo ni una sola vez, sabía por experiencia que la versión del agente era tan pura como bruta, un ladrón de bolsos que mata a su víctima a golpes, una víctima de clase alta en un callejón oscuro de un barrio bajo, un bolso robado que aparece vació al final del callejón y una billetera repleta de dólares abandonada al lado del cadáver. Sin duda lo que vio aquel agente era real, pero  era una realidad que nada tenía que ver con lo que había sucedido.

-Es suficiente agente, vaya a descansar, ha hecho un buen trabajo- dijo Wells al novato de ojos húmedos.

Wells se subió en su coche y empezó a discutir consigo mismo, trabajaba solo desde que mataron a su compañero, era un privilegio que solo él tenia en el departamento y lo tenia porque era el mejor.

Su técnica secreta consistía en ver aquello que los demás pasaban por alto, como todo el mundo, encajaba las piezas inmediatamente, robo con fuerza, ella se resiste, llega el agente novato y sorprende al ladrón con las manos en la masa, este huye, fin de lo hechos y ahora a detener al culpable. Sin embargo, Wells no se quedaba ahí, de inmediato empezaba de nuevo, poniendo trabas a la historia, poniendo en duda que además de ser un agresor, fuera el ladrón más torpe del mundo dejando la billetera intacta.

 

 

No era el único que hacia preguntas, George sometía a Dan a un interrogatorio completo en su apartamento.

-Entonces, ¿dices que no dejaste tus huellas en el bolso? ¿Es así Dan?.

-Por enésima vez ¡no! no deje mis huellas, mis tiempos de ratero me dejaron ciertos hábitos y como te he dicho, de manera inconsciente me baje la manga del jersey antes de tocar el bolso.

-Bien Dan- dijo George con la mirada perdida, solo nos queda la chica, no sabemos si la tocaste con el jersey o con la mano, si sabemos que te vio la cara y que te – aquí George paro para inspirar aire.

-Y que te sonrío- George se tapo la boca después de decir aquello, no entendía que alguien a punto de morir sonriera.

Dan se levanto y empezó a caminar por la habitación, la cabeza le daba vueltas, aquello parecía una nueva broma macabra del destino.

-George, sé que me vas a decir que debo ir a comisaría y declarar, pero los dos sabemos que, con mis antecedentes, acabaré en prisión y en caso de juicio no tendré ninguna oportunidad.

George intentaba no mirar a Dan, sabía que tenía razón, pero como abogado no podía decírselo abiertamente, de echo no debería ni estar allí.

– Esperaremos, escucharemos las noticias y quizás tengamos suerte y hallan cogido al asesino, mientras tanto no salgas por ahí demasiado- le dijo un George en un tono casi paternal.

Dan asintió lentamente sin demasiadas ganas, acababa de salir de una celda para acabar en otra más grande, pero George como siempre tenía razón.

 

 

 

En la parte alta de la ciudad un joven y prometedor concejal, se deshacía el nudo de su corbata con una mano, mientras con la otra aguantaba el vaso de whisky que se había servido al entrar en su apartamento.  Jeff Wilson no había tenido un gran día, se debatía entre la moral, la ética y la ambición.

Cuando el nudo de su corbata cedió, liberando la respiración de su tráquea, se sentó en el sofá de piel beige y cogió el marco de fotos que tenia sobre la mesita auxiliar. “Dan, menudo cabronazo estas hecho, y sin embargo, hoy estoy jodido por no haberte ido a buscar, sé que no tardarás mucho en hacer algo que haga que me sienta mejor y que te vuelva a odiar, pero hoy te quiero hermano”

Jeff primero miro al techo, para después bajar la cabeza y hundirla en el vaso de whisky.

-“Espero que hayas encontrado el dinero que te deje en el piso, es lo menos que podía hacer, después de”- De repente tuvo una punzada en el pecho -“Dios, eso se acabo, ella nunca más será mía”.

Jeff Wilson se reclino en el sillón beige y se dejo llevar hacia el reino de los sueños.

 

 

 

Mientras Dan daba vueltas por su apartamento, le parecía increíble que estuviera tan bien y limpio cuando entró, pero con el susto que se había llevado, ni se fijó en el cambio de decoración, pero ahora se estaba dando cuenta de que aquel no era su apartamento.

Dio un salto y salió a la escalera, miró la puerta y tampoco la recordaba tan nueva y segura, pero la escalera era la suya y el numero también coincidía.

Dan volvió a entrar en busca de algo para beber, fue hacia la nevera, pero no llegó a abrirla, en la puerta tenia un sobre aguantado por el asa, en el, solo habían escritas tres letras; CZD.

Con cuidado, como si de un sobre de vidrio se tratara, lo cogió suavemente, lo abrió y sacó una nota que estaba rodeada de dólares.

Querido Dan, hoy no he podido irte a buscar, llamé a George y de inmediato se ofreció voluntario, ese tipo te quiere como a un hijo. Ahora soy concejal, con posibilidades a la alcaldía y mi asesora, me dijo que no era conveniente. Durante tu ausencia he hecho reformar el piso, espero que te guste, también te dejo dinero para los primeros días. Intentaré  verte pronto. Tu hermano que te quiere 

CZJ”

– “Madre mía” pensó Dan- Su hermano también tubo el mismo apodo que él, de echo fue el primero en meterse en líos y Dan le había salvado de que unos camellos de poca monta acabaran con él a sus quince primaveras, y ahora,  ahora era candidato a ser alcalde.

Dan se sentó con una cerveza de marca en la mano, cortesía de los contribuyentes, gracias al sueldo de su hermano el político y se puso a repasar lo sucedido en aquel callejón hasta que cayó dormido.

Dos horas más tarde se despertó con la cerveza en una mano y la nota en la otra, se paso la mano por la cara, cogió el mando del televisor y lo puso en marcha sin mucho interés.

En la pantalla apareció un callejón lleno de policías y ambulancias, Dan se frotó la cara y volvió a mirar la pantalla, en ella se veía ahora un retrato robot, su retrato robot y debajo de la imagen tenia escrito un texto:

“Culpable de asesinato”

 

 

 

 

 Dos mejor que uno 

 

Después del susto del retrato robot, Dan se había pasado media noche viendo en la pantalla aquella imagen, que no paraba de aparecer en todas las cadenas, con en el mismo mensaje, se pedía la colaboración de la población de Detroit, para identificar al asesino de Susan Jefferson, la mujer del que había sido alcalde hasta hacia un par de meses, Peter Jefferson.

El alcalde Jefferson, había dejado la alcaldía para dedicarse de pleno a preparar su campaña a las presidenciales y el puesto vacante era al que optaba su hermano Jeff.

Dan lo tenia claro, si le acusaban de haber matado aquella mujer, lo menos doloroso seria la cárcel, sin duda su hermano lo mataría, no puedes ser alcalde y al mismo tiempo ser el hermano del asesino de la mujer del anterior. Dan se levanto del sofá y se fue al lavabo, allí se metió en la ducha y bajo un chorro de agua fría, empezó a ordenar sus ideas.

Mientras eso ocurría, John Wells tomaba café en la calle Griswold, su rutina era casi militar, se levantaba a las seis en punto y a las seis y veintidós minutos estaba en uno de sus cafés favoritos, nunca el mismo, en el mismo día de la semana, la muerte de su compañero le había cambiado, desde entonces, cuidaba con detalle no ser predecible para nadie. Hoy además de un buen café, tenia otros motivos para estar allí.

Con el café todavía caliente, vio entrar a su primer objetivo, un camello de poca monta llamado Charlie dos dientes, era obvio que el apodo lo tenía, porqué lo primero que llamaba la atención de aquel tipo, era los dos incisivos de oro que le sobresalían del labio superior, sin duda, una chapuza pagada en negro después de una pelea en la que perdió los originales.

Cuando el camello vio a Wells, empezó a girar sobre si mismo, pero en el último momento se detuvo, sabia que a Wells no se le podía dejar tirado o lo pagaría caro, sin que nadie le tuviera que decirle nada, se acerco a la mesa de Wells y se sentó.

-¿Quieres un café? – le dijo Wells con voz amable.

-¡Un café! Y una mierda comisario, ya no le debo nada y esto es malo para el negocio, que me vean con usted me cuesta dinero ¿lo entiende?

-Detective, no comisario y que sepas que me importan una mierda tus negocios ¿o quizás quieras que me importen?- le dijo Wells con el mismo tono afable.

-No detective, no, solo que ayer fue una mala noche, la ciudad estaba llena de polis tocando los, no se ofenda, quería decir…- no pudo acabar la frase.

-Mira idiota, lo de anoche no es nada comparado con lo que va a pasar si no encontramos pronto a un culpable ¿me sigues? – Y ahora dime ¿qué se dice en la calle?

Dos dientes se acerco más a Wells para poder hablarle susurrando.

-Tengo un amigo, que tiene un amigo, que dice que conoce al tipo de la tele, el del dibujo.

Wells sabia por experiencia que no había tantos amigos en una misma historia, simplemente lo decían para cubrirse en el caso de que se complicasen las cosas.

-Continua- dijo Wells a Dos dientes.

Wells fue tomando nota de cada detalle, parando de vez en cuando para mirar a los ojos a su confidente, tenia que asegurarse de que no le estaba mintiendo, porque si aquello era cierto, sin duda el día iba a ser especialmente duro.

 

 

 

Mientras en el apartamento de Dan, un gorgoteo, junto a un olor que lo impregnaba todo, indicaban que el café estaba a punto, cuando se acercó a retirar la cafetera sonó un timbre fuerte y grave, un gong que hizo que la cafetera de Dan saliera despedida de su mano. Con el susto en el cuerpo, se acerco a la puerta y miro por la mirilla, al otro lado estaba su reflejo, afeitado y con un traje caro, Dan abrió la puerta.

-Hola Jeff, ni el puto timbre pudiste dejar por cambiar- dijo Dan a su hermano como saludo.

-Veo que en la cárcel te han refinado los modales- contesto Jeff con el semblante serio.

Tras unos segundos en que solo se miraron, una sonrisa empezó a escaparse de sus labios y esta se transformo en un abrazo.

-Como te he echado de menos hermanito.

-¡No me fastidies Dan! todavía estas con eso, solo fueron diez míseros segundos de diferencia.

-Excusas de segundón- le respondió Dan entre carcajadas.

-Te invitaría a café, pero algún idiota me ha dado un susto de muerte y me he cargado la cafetera- dijo Dan sin dejar de sonreír.

-Coge una chaqueta, te invito a desayunar, que te de el aire, ya has pasado demasiado tiempo entre muros- Dijo Jeff en un tono que no daba opción a negativa.

Dan quiso decir algo de lo ocurrido, pero el miedo a que el reencuentro con su hermano no le durará ni un café, le quito la idea de la cabeza, además, si George no le había dicho nada, seria por algo, George no hacia nada sin un motivo y si anoche no llamo a su hermano para decírselo, él tampoco lo haría. Sin nada más en la cabeza que disfrutar de su compañía, Dan cogió su abrigo y salió del apartamento detrás de Jeff.

 

Una vez en la cafetería los dos hermanos empezaron a recordar los tiempos en el barrio, cuando eran unos críos que jugaban a ser mayores. A pesar de sus diferencias, los dos hermanos estaban muy unidos, a los nueve años perdieron a sus padres en un accidente de coche, un accidente provocado por un fallo de diseño en la dirección, fue entonces cuando conocieron a George Orwel, un abogado proscrito que se enfrento a la automovilística, representando a todos los que no se podían costear un abogado, se decía que todo fue por un accidente ocurrido en Barcelona, un chico murió por culpa del fallo de diseño del coche, pero vete a saber. Lo único cierto, era que con la indemnización que George les consiguió, los dos hermanos pudieron subsistir en casa de sus abuelos, unos pobres jubilados con casi nada ahorrado.

-Dan ¿has pensado en mi oferta? La que le explique a George- dijo Jeff cortando la bucólica conversación.

-Si, pero no sé, todavía tengo unos asuntos que quiero arreglar antes de eso- Le respondió Dan rascándose la cabeza.

-No fastidies Dan, joder no podré aguantarte el puesto mucho más tiempo-

-¡Por Dios Jeff! No estamos hablando de nada importante, es un mísero puesto de jardinero.

Jeff se inclino sobre la mesa con la cara desencajada -Es un trabajo decente y lejos del barrio, eso es lo que es Dan.

Dan se levanto de golpe de la mesa -voy al lavabo, ahora vuelvo.

Dan entro en el lavabo dando un empujón a la puerta, se miro al espejo y al ver su cara de noctambulo, abrió el grifo y empezó a frotársela como si se pudiera borrar la parte superficial y hacer aparecer de debajo una renovada.

Cuando abrió la puerta del lavabo, algo le llamo la atención, de nuevo aquella extraña sensación de peligro, con cuidado ajusto de nuevo la puerta hasta dejar solo un hueco para poder ver, al fondo su hermano hablaba con un tipo que se había sentado en su lugar, Jeff tenia la mano cerrada con el dedo meñique estirado bajo la mesa, eso a los quince años significaba, no salgas. Dan observaba la escena con curiosidad, quizás su hermano se avergonzara de estar allí con él y por eso le decía que no saliera, de repente apareció otro hombre uniformado y a una señal del que estaba sentado cogió a Jeff por los brazos y lo inclino hacia delante, dejándolo doblado sobre la mesa con la cabeza girada hacia donde estaba él, Dan abrió más la puerta e hizo para salir, pero Jeff con la mirada y un tímido gesto de cabeza le dijo que no mientras movía los labios.

Ya en la calle, el detective Wells, daba ordenes a dos uniformados -Llévenselo a comisaría, léanle sus derechos, yo le veré más tarde.

John Wells repasaba la conversación con el concejal, no tenia coartada y sus huellas estaban en el bolso de la víctima ¿pero porqué? De repente una imagen le vino a la cabeza, cuando entro en la cafetería, una camarera retiraba una bandeja de la mesa del sospechoso y en ella había dos tazas. Wells se dio la vuelta y entro de nuevo buscando a la camarera de la bandeja.

-¡Señorita¡ ¿Cuántos hombres había en esta mesa?

La camarera lo miro con despreció y se giro mientras le contestaba – y yo que sé, no me pagan para contar.

Wells avanzo hacia ella la cogió por el brazo, la giro y le puso la placa delante de los ojos, al tiempo que le decía -se lo voy a preguntar de otra manera, dígame exactamente cuanta gente había en esa mesa.

La camarera algo asustada por la reacción de Wells y por la presencia de la placa empezó a hablar deprisa –dos, aunque parecían uno, eran clavados, uno pidió café y el otro…-

-¿Dónde esta el segundo? Le dijo Wells sin dejarla acabar.

La camarera levanto la barbilla indicando el lavabo, Wells la aparto con cuidado hacia un lado y saco su revolver, la chica al ver el arma se refugio agachándose bajo la mesa que tenia a su lado.

Wells golpeo la puerta del lavabo con la palma de la mano -¡Policía! ¡Abra la puerta y salga con las manos en alto!

No hubo respuesta, después de repetir la orden sin éxito, Wells propino una patada a la puerta, rompiendo el pequeño pestillo y abriéndola de par en par.

En el interior no había nadie, una ventana estrecha que daba al callejón posterior estaba abierta. Wells maldijo en silencio, como no se había dado cuenta antes de las dos tazas.

Mientras, Dan corría en dirección a su apartamento, “piensa Dan, piensa” pero no había nada que pensar, Jeff le había enviado un mensaje claro, con el meñique, no te acerques y con los labios le había dicho “llama a George”. Era increíble que después de tanto tiempo todavía pudieran comunicarse sin hablar, como cuando atracaban supermercados para repartir el dinero entre los más pobres del barrio y Jeff le convenció de que debían aprender a comunicarse sin hablar, porque la policía te podía reconocer por la voz.

Cuando llego a la esquina de su calle, freno en seco, de nuevo su instinto le decía que algo estaba pasando, en la puerta no había nadie, por lo menos en el exterior, pero unos metros más abajo, había un coche aparcado con un hombre apoyado, el hombre tenia el periódico abierto en las manos, pero su mirada se centraba en la puerta de su apartamento. De nuevo su instinto estaba en lo cierto, la policía estaba en su apartamento, por suerte había cogido el sobre con el dinero que Jeff le había dejado y sabia de ciertos moteles en los que nadie le haría preguntas, iría a uno de ellos y desde allí pensaría, que hacer.

Mientras Dan se alejaba, Wells aparcaba el coche lejos de su compañero para no llamar más la atención, bajo del coche y miro en espera de la señal del otro policía, que con un  giro lento de cabeza, le confirmo lo que esperaba, el otro hermano, el loco Dan, no había aparecido.

Wells se dirigió al apartamento del sospechoso, llego a la puerta y allí golpeo un par de veces, al instante un agente le abrió la puerta sin que se le llegara a ver.

En el pequeño apartamento había cuatro personas, dos agentes apostados tras la puerta y dos de la científica que estaban recogiendo sus herramientas.

Wells se acerco a los de la científica.

-¿Hay confirmación? Dijo Wells en un tono bajo para evitar que la conversación pudieran llegar a los vecinos del edificio.

-Sí detective, tenemos huellas de Jeff y Dan Wilson, además de las huellas de la Señora Jefferson por todas partes, también hay otras desconocidas, que no hemos podido contrastar.

-Muy bien, buen trabajo. Dijo Wells a sus compañeros.

Wells se acerco a la ventana mientras marcaba un numero en su teléfono y aparto la cortina, el policía de paisano, vio el movimiento en la ventana y repitió el gesto negativo con la cabeza.

-Hola, soy Wells, den la orden de busca y captura de Dan Wilson.

-¿Con qué cargos detective?

-Como sospechoso del asesinato de Susan Jefferson.

El silencio se hizo al otro lado de la línea durante unos segundos.

-Perdone detective ¿el asesino de la señora Jefferson no había sido arrestado? Le contesto la operadora que como todo el cuerpo estaba al corriente del caso.

Wells inspiro aire, seguramente, pero dos mejor que uno.

 

 

 

 Te quiero

 

Jeff Wilson miraba el suelo de la sala gris y fría donde le acababan dejar los guardias, a pesar de haber sido un delincuente junto a su hermano en la adolescencia, jamás le habían detenido, siempre era Dan el que pagaba el pato, a él se le daba mejor que a su hermano encontrar coartadas, pero eso era el pasado, hoy no tenía ninguna preparada y en ese momento, ni siquiera se sentía con fuerzas para inventar nada.

Lo peor para Jeff, no era estar detenido, ni sentir las esposas en sus muñecas, lo peor era saber que Susan ya no estaba. Cuando la vio por última vez, tenia las mejillas rojas y los ojos llenos de lagrimas, no podía quitarse aquel momento de la cabeza.

-Jeff, esto se acaba aquí, es lo mejor para todos- Le había dicho, mientras le miraba con ternura.

-No puede ser Susan, yo quiero estar contigo, para mí la vida no tiene sentido sin ti.

-Por favor Jeff, no lo hagas más difícil, mi marido se presenta a las presidenciales y tú eres su sucesor a la alcaldía ¿sabes lo que pasaría si lo nuestro saliera a la luz? En poco tiempo mi casa se va a llena de periodistas y no podremos seguir ocultándolo.

-Estoy seguro de que podemos encontrar una solución, Susan por favor-

-Eso crees Jeff ¿me estás diciendo que renunciaras a tu carrera por mí?

Todavía recordaba como agacho la cabeza, como dejo que ella se fuera sin decir nada y ahora, ahora nada tenía valor, su carrera y su vida no parecían tener ningún sentido sin Susan.

Alguien le dijo una vez, que si algún día sentía dolor en el pecho al pensar en otra persona, seguramente estaría locamente enamorado y ahora su pecho parecía que se iba a partir en dos.

De repente, se abrió la puerta y alguien entro en la sala, oyó como  movía una  silla y se sentaba, Jeff no se movío.

-¿Se encuentra bien? le dijo una voz conocida.

Jeff levanto la cabeza y vio que tenía de nuevo delante  al famoso Wells, aquel tipo era una mezcla entre un lord Ingles y  un perro fox hound de caza, solo con la mirada debía haber obtenido más de una confesión, Jeff volvió a hundir la cabeza entre sus hombros.

-Hemos llamado a su abogado, pero parece que hoy esta desaparecido, nos han dicho que es su día de pesca y que no lo podremos localizar hasta mañana. Le dijo el detective Wells, como si hablará del tiempo.

-No se preocupe, él vendrá pronto- le contesto Jeff con voz pausada.

-¿Me permite una pregunta? – dijo Wells mientras se levantaba de la silla.

-¿Sin qué este mi abogando presente? Adelante detective- contesto Jeff con ironía.

-¿Cómo  llega un chico de un barrio bajo tan lejos y luego lo tira todo por la borda, asesinando a la mujer de su amigo? – Le espeto Wells con voz firme.

Jeff miro a Wells y con los ojos inyectados del rojo que da la rabia y el llanto, grito a Wells.

-¡Yo no la maté!  ¡yo no la maté!  ¡Yo la quería!

Wells salió de la sala con la mirada de aquel joven grabada en la mente, su experiencia y su entrenamiento le decían que le estaba diciendo la verdad.

Cada vez era más urgente encontrar al otro hermano, a CZ Dan.

Mientras, en un sucio Motel, el hombre más buscado de la ciudad intentaba recordar donde podría encontrar a George, el amigo y abogado de él y su hermano. Sabía que era su día libre y sabía que George odiaba la pesca, en vez de eso se disfrazaba de payaso y acudía a un orfanato  para jugar con los niños y según le había dicho, nada le podía privar de ese día con sus niños y nadie tenía porque saber qué hacía en sus días libres, por eso les decía a todos que se iba de pesca.

El problema era, que no recordaba el nombre del orfanato, por más que lo intentaba. Poco a poco se fue dibujando en su mente un recuerdo, George no salía vestido de payaso de su apartamento, sino que lo hacía en un almacén que tenía alquilado para guardar sus cosas y ese almacén estaba en… -“narices, si esta aquí al lado, como no se me ha ocurrido antes” – pensó Dan mientras se ponía la cazadora para salir del motel.

Unos minutos más tardes, llegó al edificio de almacenes donde George le había dicho que guardaba sus cosas, no podía entrar, para hacerlo necesitaba un código que tenían los clientes. En eso estaba cuando vio la silueta de un coche acercarse lentamente por la calle que daba a los almacenes, la silueta era débil, pero pudo ver que tenia un bulto en el techo.

-“La policía” – pensó Dan.

Miro hacia el otro lado de la calle y se dio cuenta de que el siguiente cruce estaba demasiado lejos, no llegaría, tampoco podía correr o  llamaría la atención y si no salía corriendo, el coche pasaría por su lado y lo verían de cerca, a estas alturas todos los policías de la ciudad  tendrían su foto grabada a fuego, la foto del asesino de la mujer del alcalde.

Dan miro hacia el interior de los almacenes, una joven se dirigía a la puerta para salir, llevaba una bolsa en cada mano  y cuando vio a Dan, le dedico una sonrisa, estaba salvado, si le abría podría entrar y escapar de la policía, pero las bolsas parecían pesar mucho y la chica avanzaba muy lentamente por el pasillo de salida.

El coche ya casi estaba a su altura, las luces no le dejaban ver bien el interior, se giro hacia la puerta de los almacenes, la chica estaba allí, le volvió a sonreír mientras buscaba algo en su bolsillo.

Dan quería gritarle, pero si lo hacía, seguramente se asustaría y no le abriría. Mirando en dirección a la puerta, escucho como el coche se detenía a su altura, Dan no se giró, por fin la chica saco un papel de sus tejanos ajustados, lo miro y empezó a teclear. Aquella maldita puerta no se abría desde dentro sin el código, debía ser una medida de seguridad para evitar que, si alguien entraba aprovechando que otro salía, no pudiera robar y salir sin más.

Dan oyó como se abría la puerta del coche  y se bajaba el conductor, todo estaba perdido, la puerta de los almacenes crujió pero ya era tarde, notaba que tenía al conductor detrás de él. Dan se fue girando lentamente, mientras empezaba a levantar las manos.

El hombre que se encontró, no era un policía, casi sin mirarlo paso por su lado y se acerco a ayudar a la chica de las bolsas, por como se saludaron, debía ser su hija.

Ni siquiera era un coche de policía, era un maldito taxi con un anuncio en el techo, Dan suspiro, el miedo le estaba haciendo creer ver cosas que no eran reales.

La joven aguanto la puerta a Dan para que pudiera acceder y este entro pero no llego a cerrarla, sabia que no tenia el código para salir, una vez la joven se subió en el coche, no sin antes dedicarle una última sonrisa, Dan saco de su bolsillo el sobre que contenía el dinero que le había dejado su hermano, lo vació y lo puso en la cerradura par evitar que la puerta se cerrara.

No se había recuperado del susto cuando escucho su nombre.

– Dan, ¿Qué haces aquí? Te dije que te quedarás en el apartamento.-Le dijo un payaso.

-¡Joder George! casi me matas del susto- le contesto Dan.

-Vamos dentro, aquí no debemos estar- le dijo George algo nervioso.

El payaso de George andaba con las piernas abiertas y de vez en cuando daba un saltito como para intentar correr, pero los enormes zapatos rojos que llevaba no se lo permitían.

Después de dejar atrás tres pasillos, George se paro delante de una puerta metálica, saco un llave que llevaba colgada al cuello y la abrió.

-Vamos Dan, pasa- le dijo George.

Aquel almacén era increíble, parecía un verdadero camerino con mesa para maquilarse y con las típicas bombillas alrededor del espejo. Las paredes estaban llenas de fotos de George vestido de payaso y rodeado de niñas, niños, ancianos, enfermos en un hospital y un sin fin de historias hermosas y tiernas.

-Siéntate  Dan- Dijo George mientras abría un pequeño baúl, del que sacó una botella de wisky y dos vasos bajos.

-Ten Dan, me temo que nos hará falta.

Dan cogió el vaso y empezó a hablar, mientras George se iba quitando el maquillaje.

-Tienen a Jeff- Dijo Dan, después de dar un trago al vaso de wisky.

George, dejo el algodón con el que se estaba desmaquillando y se giro hacia Dan.

-¿De qué demonios hablas Dan?

-La policía tiene a Jeff, lo detuvieron delante de mí- Continuo Dan.

Los dos se quedaron en silencio, hasta que George le pidió que le explicará todo lo sucedido, paso por paso y pidiendo a Dan que no se dejara ningún detalle.

Cuando Dan acabo de hablar, George se inclino hacia atrás en su silla y pregunto:

-¿Eso es todo?

-Si- contesto Dan

Dan bebió el último trago hasta apurar el vaso y agacho la cabeza entre sus piernas.

-No, eso no es todo, hay una cosa más- Dijo Dan sin mover la cabeza de entre sus piernas.

-En el callejón, cuando se estaba muriendo, ella me miro y me sonrió- Continuó explicando Dan.

-Eso ya lo sabía- Respondió George

Dan levanto la cabeza y miro aquel payaso a medio desmaquillar a los ojos.

-Me sonrío y me dijo, te quiero-

 

Mal asunto

 

George Orwel había dejado a Dan en el almacén, sabia que no era una buena idea, pero de no hacerlo el inspector Wells daría con él en el motel.

George conocía bien la reputación de aquel hombre, era ya una leyenda en el cuerpo, se había hecho a sí mismo y sus contactos y recursos eran casi ilimitados, por lo que no tardaría en saber dónde se escondía Dan.

Después de dar a Dan el código de salida, se había dirigió  a la comisaría pensando en la última frase que le había dicho Dan y empezó a cruzar datos,  Jeff estaba detenido, lo habrían confundido con Dan, pero no tenia sentido, la policía  solo tenia que buscar un poco para dar con la ficha de Dan y si lo habían hecho ¿porqué detener a Jeff?

En fin, pensó Orwel, en unos instantes lo sabría, había llegado a la comisaría. 

Una vez dentro se dirigió al caporal de guardia -Perdone, vengo a representar a Jeff Wilson, soy su abogado – dijo como saludo.

-Seguro que quiere representar a ese mal nacido- le respondió el agente  en voz baja.

George hizo como que no lo había oido, los policías de aquella ciudad, veneraban al hasta hace poco alcalde, de hecho todavía le llamaban así. Peter Jefferson, había reformado el cuerpo de policía de la ciudad, desde modernizar las comisarías, pasando por cambiar los viejos coches, hasta mejorar un 30% el salario de todo el cuerpo. La delincuencia se había reducido y la ciudad valoraba como nunca antes, el trabajo de su policía, tenían motivos para apreciar a Peter Jefferson. Pero eso no era bueno para Jeff y Dan, de hecho era un mal asunto, cualquier policía se vería  con ganas de disparar y luego preguntar, sin que nadie después lo cuestionara demasiado por acabar con el asesino de la mujer del exalcalde, lo dicho, mal asunto.

Una vez en la sala de visitas, lo hicieron esperar más de una hora, el ritual de castigo seguía, pero él no se quejo y espero pacientemente.

A las dos horas la  puerta se abrió y entro un policía de uniforme junto a Jeff, llevando este esposas y grilletes. 

-Agente, si es tan amable ¿me permite hablar a solas con mi cliente? 

-¿Está seguro? es un asesino sin escrúpulos que ha matado a golpes a una mujer indefensa- dijo el uniformado.

-Lo estoy, por favor salga de la sala- George tubo que contenerse para no gritar una barbaridad a aquel cowboy que no respetaba la presunción de inocencia, ni el derecho a una defensa justa, pero prefirió ser cauto y no dijo nada.

Una vez el policía de uniforme salió de la sala, los dos amigos se quedaron mirándose.

-¿Qué tal Jeff?

-He estado mejor George, pero me tratan bien, todos me miran con ganas de darme una patada, pero hasta el momento no lo han hecho.

-¿Te han dicho de qué se te acusa? – continuo George.

-De asesinato en primer grado, de Susan Jefferson ¿te lo puedes creer? Dicen que un poli me vio y me dio el alto antes de salir del callejón donde la mataron, pero eso no es posible, yo ya no estaba- Jeff se callo de repente.

-¿No estabas? ¿dónde Jeff? 

-Quería decir que estaba en casa, llegue me tome una copa y me fui a dormir- contesto Jeff algo contrariado.

-¿Hay alguien que pueda ayudarnos con tu coartada, un vecino, una amiga?

-No, estaba solo- respondió Jeff 

 George se reclino en la silla metálica, inspiro aire y volvió a preguntar. 

-¿Cuál era tu relación con la señora Jefferson? 

-Susan y yo compartimos la estrategia de campaña de Peter durante las elecciones a la alcaldía, ella y yo formamos el  equipo, conseguimos los apoyos, etc.- respondió Jeff.

-¿Algo más?- inquirio George.

-¿Qué quieres decir George? su marido y yo somos amigos.

Geroge Orwel, miro de nuevo a los ojos de Jeff, como lo hace un padre con su hijo, con esa mirada que dice; miente al mundo si quieres, pero yo sé que no me estas diciendo toda la verdad.

Jeff, entendió la mirada y agacho la cabeza.

-¿Te refieres a si me acostaba con ella? dijo Jeff con la cabeza baja.

-Lo hacia, pero se había acabado- continuo Jeff.

George se apoyo de nuevo en el respaldo y sin poder evitarlo suspiro, era peor de lo que esperaba, un muy mal asunto 

Mientras George Orwel intentaba encajar las piezas con la ayuda de Jeff, otros dos hombres mantenían una conversación sobre el mismo tema, en un despacho cerca del ayuntamiento. 

-Esto es un desastre ¿Cómo a podido pasar?- Preguntaba el exalcalde de la ciudad Peter Jefferson.

-Nadie podía saber que el hermano gemelo pasaría por ese callejón, no tenia que salir hasta el día siguiente de prisión, pero parece ser que el funcionario de prisiones que nos informo, no anoto correctamente la fecha de la orden del juzgado- respondió un hombre que no tenia nombre.

-¡Usted no lo entiende! Jeff está detenido, acusado de matar a mi mujer ¿Qué pasará si habla?- dijo Peter Jefferson muy alterado.

-No lo hará, sabe que no puede hablar sin que le acusen de cómplice, es un tipo ambicioso, sacrificará a su hermano antes que caer él.

– Dios mío, cómo me deje convencer, nunca debí hacerles caso- continuo Peter mirando al suelo.

-Una campaña es cara y los inversores quieren estar seguros de que usted ganará la presidencia, además le hemos hecho un favor, su mujer le era infiel y hubiera sido un lastre para su carrera-  le respondió el sin nombre con un tono indiferente.

-¿Y ahora qué? Tengo que decir algo, es mi elegido y ella era mi esposa.

-Más tarde recibirá un sobre con un guión, cíñase palabra por palabra, hasta entonces siga pareciendo el marido dolorido.

El sin nombre salió del despacho y empezó  a bajar por las escaleras de servicio, eran siete plantas, pero él nunca usaba el ascensor, las escaleras le hacían menos visible para todos y en su trabajo la invisibilidad era indispensable.

Antes de llegar al rellano, le sonó el teléfono, miro la pantalla y acepto la llamada.

-Soy yo, tenemos que hablar- dijo un hombre de voz joven y nerviosa.

-Tranquilícese, creemos que no le vio matar a la chica, todo y así, estaremos todos más tranquilos si encuentra al tal CZ Dan y se encarga de él, quién sabe, igual le dan una medalla.

Sin esperar una respuesta, el sin nombre colgó el teléfono y siguió caminando.

No muy lejos de allí, George Orwel había salido de la comisaría, intentaba arrancar su viejo coche, le estaba costando cada vez más, George lejos de enfadarse, empezó a sonreír -“ya somos dos viejo amigo, a mí también me esta constando arrancar con este caso”- pensó.

Cuando al fin el motor arranco, dejando una nube negra de recuerdo, George se puso en marcha mientras repasaba los datos. Hasta el momento todo parecía una locura, Dan encontró a Susan moribunda, Susan era la amante de Jeff y su marido Peter Jefferson, según Jeff, no parecía saber nada. George no acababa de entender la mala suerte de aquellos jóvenes, cuando todo parecía arreglarse, se les acusaba de asesinato, a uno le querían cargar el haberlo hecho y al otro hermano, lo iban a incriminar como instigador, por pedir a su hermano que matará a Susan por despecho, por haberlo dejado para volver con su marido y quizás llegar a primera dama.

Intentado dejar descansar la mente, encendió la radio del coche y para su sorpresa empezó a oír la voz del exalcalde.

– ¡No podemos! no debemos como sociedad permitir este tipo de cosas, es cierto que me ha pasado a mí y que, perdonen, estoy algo emocionado-. La radio se quedo en silencio unos instantes. 

-Como les decía, no podemos permitir estas desgracias, que tipos como el sospechoso, Dan Wilson, al que apodan el loco y del que su paso por la cárcel no ha hecho más que ratificar ese apodo, salgan y hagan el mal en esta sociedad, necesitamos políticas de país que castiguen de verdad a los culpables y que consigan, que si no se han reformado, no salgan de nuestras prisiones para hacer actos tan viles. Esta es hoy mi desgracia y no la pudimos evitar, pero yo luchare para que nunca más ningún americano de bien, tenga que pasar por lo que yo estoy pasando. 

La radio de nuevo, se quedo en silencio unos segundos, seguidos de otros de un barullo de voces, para acabar con una locutora, a la que se le notaba conmocionada por la muerte de la mujer, del hasta hace poco alcalde de la ciudad.

-El alcalde, perdón, exalcalde Jefferson, se retira visiblemente afectado, no han habido preguntas, hasta aquí nuestra conexión en directo, solo nos queda pedir a Dios, que nos ayude a encontrar al asesino de Susan Jefferson, hasta ahora el único sospechoso es Dan Wilson, un barón de…- George apago la radio y cogió el teléfono.

-¿Wells? detective, soy yo George Orwel, acabo de oír en la radio que solo hay un sospechoso y no es mi cliente.

George escucho a un resignado Wells explicarle cuál era la nueva situación.

-Entiendo detective, entonces me dice que el propio Peter Jefferson, vio salir a Jeff de su oficina a la hora en que el policía encontró a Susan, entonces mi cliente dormirá esta noche en su casa, bien detective, muchas gracias.

George colgó y se puso a pensar en voz alta.

-Esto cada vez es más raro, porqué Peter Jefferson ha necesitado casi ocho horas para decir que Jeff estaba en su oficina, porqué Jeff no le había dicho que Peter Jefferson lo había saludado al salir esa noche, como le acababa de explicar Wells ¿se le habría olvidado? Ese no era el estilo de Jeff, pero quizás la muerte de Susan le estaba afectado a la hora de pensar.-George estuvo todo el trayecto hacia el almacén camerino, repasando lo que acababa de pasar, hasta que llego a la puerta de los almacenes y dijo lo último que tenia que decir por el momento.

-Mal asunto.

 

 

Sin nombre

 

George bajo del coche y se dirigió al almacén, pero no pudo llegar a abrir la puerta, una sinfonía de sirenas entraron por la calle y se repartieron cerca de la entrada de los  almacenes, George se  quedo inmóvil, mientras varios uniformados tomaban posiciones detrás de los coches de policía.

Una vez todos estuvieron a cubierto, un sargento se puso a gritar.

-¡Señor! venga hacia nosotros sin correr.

George obedeció y se dirigió hacia el sargento a paso lento, cuando estuvo a su altura, este le agarro por un brazo y se lo llevo unos metros mas allá del ultimó coche de policía.

-¿Su nombre señor?

-George, me llamo George.

-¿Tiene usted un almacén en este edificio?

-Sí agente, tengo un pequeño almacén.

-Y dígame  señor ¿ha visto algo raro en estos dos últimos días?

-No agente, la verdad es que vengo poco por aquí- contesto George intentando parecer tranquilo.

-Está usted temblando, no se preocupe señor, no pasa nada, ahora por favor vallase a casa- Le dijo el sargento mientras observaba cómo sus compañeros seguían tomando posiciones con las armas desenfundadas.

Cuando George empezó a caminar en dirección contraria, apareció  otro vehículo, un turismo con una pequeña sirena en el techo, conectada por la ventanilla mediante un cable. El coche se detuvo a la altura de George.

-¡Abogado! soy yo, Wells.

George empezó a notar un cosquilleo en su brazo, aquello iba de mal en peor, después de unos segundos  para poder controlar la situación, se acerco a la ventanilla del vehículo.

-Detective ¿qué hace usted aquí?

-Eso mismo le iba a preguntar yo- . – Recibimos una llamada de una joven, que afirma haber visto a Dan entrar en estos almacenes- contesto Wells desde su asiento.

-Entiendo, pues yo tengo un pequeño almacén en ese edificio y no me han dejado entrar.

-Que casualidad, vaya mala suerte- respondió Wells en un tono algo irónico.

-Bien abogado, márchese, le informare si se producen daños y tiene que llamar al seguro, y por favor, este localizable, quién sabe, a lo mejor le necesito para aclarar tanta casualidad.

George, como buen abogado, no contesto y siguió caminando sujetándose el brazo para aliviar el cosquilleo que no paraba.

Mientras George se alejaba, Wells empezó a hacerse  cargo de la situación.

-Sargento, la chica, ¿dónde está?

– De camino señor, no quería venir, por lo visto fue el padre quien la obligo a llamar.

Una manzanas al sur del cordón policial a los almacenes, Dan caminaba lentamente sin saberlo hacia su propia trampa. Había salido protegido por la oscuridad para ver de nuevo el callejón, no entendía lo que había pasado, cuando el llego Susan estaba viva, tenia un golpe feo en la cabeza, pero parecía estar consciente y sin embargo decían que el policía la encontró sin pulso, por más vueltas que le daba, no encontraba respuestas.

Dan se paro en un semáforo esperando que este se pusiera verde, la calle estaba empezando a embotellarse, alguna cosa debía pasar que estaba causando retenciones y haciendo que los vehículos tuvieran que ir casi parados.

Un taxi se quedo a la altura del semáforo donde estaba Dan, en su interior, una joven que miraba por la ventanilla cruzo sus ojos con los de Dan, muy lentamente la joven empezó a empañar el cristal del vehículo hasta que solo quedaron sus ojos a la vista, después escribió en el vidrio la palabra ¡ huye!.

Dan siguió mirando el cristal mientras la joven empezaba a borrar las letras.

Le costo todavía unos segundos reconocer a la joven que le aguanto la puerta de los almacenes, pero cuando su mente relaciono  el atasco con la dirección en la  que iba el taxi, se dio media vuelta y empezó a caminar deprisa, hoy pasaría frio, pero seria libre

Mientras Wells seguía coordinando lo que al final seria un asalto y registro a los almacenes, un tipo sin nombre conocido, observaba la escena a cierta distancia entre los curiosos de detrás de las vallas, que los agente habían situado a la entrada de la calle.

Al cabo de un rato, un joven policía miro al tipo sin nombre y negó con la cabeza, con el mensaje recibido este  empezó a caminar fuera de la zona mientras marcaba un numero de teléfono.

-El loco no está, seguir buscando, ya sabéis lo que hay que hacer.

La voz del otro lado del teléfono expreso una duda.

-Si, la orden es eliminación.

El sin nombre continuo caminando hasta cruzarse con un taxi libre, al que le dio el alto.

-¿A dónde señor?

-Al Detroit Foundation.

El taxi se puso en marcha, mientras el sin nombre repasaba la situación, nada había salido como lo planearon, Susan estaba muerta, esa parte sí que había sido planeada, aunque su marido y el estúpido de su amante creyeran que se trataría solo de un susto.

Cuando llego el momento el policía infiltrado no fue capaz, aficionados, pensó. Fue él quien tuvo que acabar el trabajo, mientras la señora Jefferson lo mitraba con desprecio, aquella mujer tenia más valor que el hombre que la había herido, lástima que no hubiera sido más discreta en sus infidelidades, los accionistas no la hubieran marcado y habría sido una gran primera dama, pero el amor, ese capricho por la joven promesa de su marido, lo torció todo, y sin embargo aquel joven solo la quería para estar más cerca del poder y a la vez chantajear a su marido, y luego él era  el mafioso, que mundo tan perturbado, concluyo.

El taxi casi no se movía, los coches estaban atascados por el bloqueo de ir y venir de policías.

El sin nombre siguió repasando la situación, lo mejor de la historia era la aparición del hermano gemelo del regidor, aquello si que había sido un gol por la escuadra, pero se estaba divirtiendo con la situación y habían pasado de un  asesinato sin culpable a un culpable que cerraría el caso en cuanto lo encontraran, muerto o muerto.

El teléfono de la chaqueta del sin nombre volvió a sonar.

-Si, entiendo, le oigo perfectamente no hace falta que me grite, usted encárguese de los accionistas, yo cerrare todo y desapareceremos.

El sin nombre colgó el teléfono y apretó los dientes, aquella llamada lo cambiaba todo, debía asegurarse de encontrar al loco Dan y matarlo, seguramente la joven promesa también tendría que ser sacrificada, no había mucho tiempo, se tendría que implicar el mismo en la búsqueda y preparar un plan donde todo encajara como un puzzle.

Wells mientras tanto seguía delante de los almacenes, los SWATs no habían encontrado nada en el interior, tenían un registro de cincuenta almacenes y lo único destacable era el almacén trece, un almacén que  parecía un camerino y que por las fotos de las paredes debía ser propiedad del abogado George Orwel, sin duda un tipo curioso aquel Orwel, pero nada más, ni siquiera la chica pudo identificar correctamente a Dan, todo y que su padre perjuraba que era él quien había salido de los almacenes.

Wells suspiro y pensó en subir a su coche para ir a su apartamento, donde con una ducha y una copa de whisky, se podría arreglar un poco aquel día tan desastroso, pero un agente de uniforme le corto el paso.

-Detective, es para usted.

Wells tomo el teléfono que le ofrecía el agente.

-Wells al habla.

-Detective, soy el capitán, puede hablar.

Wells levanto la vista, e hizo un giro con la cabeza indicando al agente que necesitaba espació, este se alejo de inmediato.

-Dígame señor, le escucho.

-El alcalde Jefferson ha muerto, le quiero en mi oficina enseguida.

-Perdón señor ¿cómo ha dicho?

-Peter Jefferson a muerto en su casa, venga enseguida, tenemos que hablar.

Wells devolvió el teléfono y salió corriendo.

Aquella noche dos personas daban vueltas al mismo asunto, Jhon Wells detective y otro individuo, uno sin nombre.

 

 

No sé quién eres

 

Dan había pasado la noche debajo del Chestnut Street Bridge.  Bajo aquel puente vivían algunos sin techo,  cuando llegó, temió por su seguridad, pero no le paso nada, todo lo contrario,  al ver que iba a pasar la noche con ellos, le dejaron algunos cartones para tumbarse y una manta. Cuando se levanto, saludo con un gesto de cabeza a sus improvisados y altruistas compañeros.

Una vez en las calles de Detroit, se dispuso a seguir el plan que había pensado la noche anterior ¿pero cómo podía hacerlo sin ser descubierto? Necesitaba alguna manera de llegar a su hermano sin llamar la atención, porque ese era el plan, ver a Jeff y pedirle consejo.

Estaba pensando en cómo hacerlo, cuando una moto roja que llevaba un gran cajón, se paro a su  lado.

-¡Dan! ¿Eres tú?- Dijo el motorista.

A Dan se le helo el corazón, el tipo de la moto se bajo y empezó a caminar hacia él con paso decidido.

-Dan ¿no me conoces? Soy Bob.

Dan levanto la cabeza y miro aquel tipo disfrazado de rojo como su moto.

-Bob ¿eres tú?  ¿De qué vas disfrazado?

-Cuando sales de la trena no te quieren en muchos sitios, este negocio es de un tío mío y el me ha dado trabajo de repartidor, tampoco esta tan mal.

Sin casi darse cuenta los dos se habían refugiado en el portal más cercano a la moto.

-Oye Dan ¿es cierto eso que he oido por la tele? ¿Has matado a esa mujer?

-¿Tú que crees?

-Creo que no, a mi me salvaste en la trena varias veces y con muchos pringados como yo, hiciste lo mismo, además nunca te vi coger nada que no fuera tuyo, de hecho nadie entendía muy bien que hacías allí.

-Oye Bob ¿me puedes ayudar?

-Claro colega, te debo la vida, cómo no te iba a ayudar.

Minutos después Dan se dirigía a la zona alta de la ciudad vestido con una cazadora roja y una gorra a juego. Iba con la moto que le había prestado Bob. Sabía que tenia poco tiempo, Bob denunciaría el robo en una hora y ya había perdido quince minutos volviendo al puente, donde había descargado todas las pizzas menos una. Aquellos sin techo  iban a desayunar bien ese día, se lo merecían.

Dan conducía despacio, le  dolía la mano, pero más le dolía haber tenido que golpear a Bob para simular el atraco, si no lo hubiera hecho, la historia que Bob debía contar no seria creíble.

En unos minutos Dan llego al apartamento de Jeff, aprovechando la salida del parking de un vecino, entro en el garaje del edificio y allí dejó la moto, mientras con la última pizza en la mano y la cabeza protegida por la gorra, se dirigió al piso de Jeff.

Su hermano se lo había montado muy bien, aquellos pisos eran lo último en diseño y modernidad, ni siquiera las puertas tenían llave, funcionaban con unos teclados grises.

Cuando llego a la puerta del apartamento, llamo sin obtener respuestas, Jeff  no estaba, por la hora quizás estuviera haciendo footing, sin pensarlo, marco en el teclado la única fecha que nunca podría olvidar su hermano, la puerta se abrió al instante.

Dan entró con sigilo, el apartamento olía a whisky, y las persianas estaban cerradas, se acerco a una de ellas y la levanto lentamente.

Jeff estaba tumbado en el sofá beige del salón, por el suelo habían varias botellas vacías, aquello parecía una fiesta solo para uno. poco a poco Jeff se fue incorporando mientras se pasaba la mano por la cara intentando ver a su alrededor.

-Hola Dan, como has sabido la contraseña ¿te la había dado?

-No, pero sabia sí tenias una para no olvidar, seria la fecha en la que murieron mamá y papá.

-Deja que me pegue una ducha quieres, ayer me pase con el alcohol.

Jeff se incorporo y se dirigió hacia el lavabo, en ese momento el teléfono de la sala empezó a sonar.

-¿Puedes cogerlo? quizás sea George con alguna noticia.

Dan no daba crédito, su hermano debía estar todavía borracho, cómo demonios quería que cogiera el teléfono, entonces recordó lo que todo el mundo les decía, en persona sois casi iguales, pero al teléfono, sois idénticos. Con mucho cuidado, como el que maneja una bomba activada, descolgó el auricular y con hilo de voz contestó.

-Diga.

-Veo que todavía le dura la resaca de anoche, no diga nada y escuche con atención.

Dan escucho a aquel individuó hasta que este colgó.

Jeff apareció en tejanos, intentando acabar de colocarse un jersey mientras entraba en la sala.

-¿Era George?

-No, no era George.

-¿Y? vamos hermanito, no tengo la cabeza para adivinanzas.

-¿Ah no?- Le respondió Dan con un tono serio.

Dan no miraba a su hermano, repasaba lo que le había dicho aquel tipo,  lo último que había  dicho era que no se moviera de allí, que alguien vendría a recogerlo.

-¿Quienes son los accionistas Jeff?

Jeff Wilson, miro a su hermano con los ojos de quien ha oido el nombre de un fantasma.

-Responde ¿quienes son los accionistas?

-¿Qué le paso a  Susan?

-Dan, no sé que te ha dicho la persona que ha llamado, pero yo nunca quise hacer daño a Susan.

-No me has respondido.

-Es complicado, la política no solo son sonrisas y discursos, también se necesita dinero y los accionistas, es como se hace llamar un lobby que te ayuda a conseguir que te elijan.

-Matando a la mujer de tu amigo, o mejor a tu amante.

-No tenían que matarla, el trato era que.

Dan no le dejo acabar.

-¡Qué Jeff! asustarla, ¡tan idiota te ha vuelto la política que ya no recuerdas lo que pasa cuando te relacionas con gente sin escrúpulos!

-Tú no lo entiendes, en el barrio había normas y ética, pero en la primera liga de la política, no hay nada de eso, aquí o lo haces tú o los otros lo hacen contigo.

-Y dime una cosa Jeff ¿vale la pena?

Jeff agacho la cabeza, se sentó en el sofá y empezó a mover las botellas de whisky en busca de una que contuviera algún resto.

Los dos permanecieron en silencio unos minutos, hasta que el timbre de la puerta sonó.

-El tipo del teléfono, dijo que vendría alguien con instrucciones, debe ser él. Por cierto, también dijo que Peter se había suicidado.

-Qué ¿Peter esta muerto? Dios mío Dan estoy acabado.

-Lo siento hermano, no me das pena, ya no sé quien eres.

El timbre  volvió a sonar.

Dan se levanto y se escondió en la habitación de su hermano. Mientras Jeff abrió la puerta y dejó pasar al tipo que esperaba con impaciencia.

Era un tipo alto y fuerte, con facciones secas y con alguna cicatriz en la cara.

-¿Está sólo?- Le dijo nada mas cerrar la puerta.

-Si, estoy sólo, acabo de despertarme y me tendrá que disculpar, no ha sido una buena noche.

-¿Viene usted de parte de los accionistas?

-Si- le dijo con un acento que arrastraba las eses.

-¿Y qué se supone que debo hacer ahora?

-¿Ha hablado usted con alguien de nuestros asuntos?

-No, por Dios, soy el primer interesado en que nada se sepa.

-Bien, whisky- le espetó el tipo sin más.

Jeff miro con cara de asombro aquel tipo, y reacciono.

-Perdón, sí, disculpe, con los nervios no le he ofrecido nada.

Entró en la cocina en busca de alguna botella, que hubiera sobrevivido a la masacre de alcohol de la noche anterior.

Mientras Dan desde la habitación había escuchado todo en silencio, notaba como el sudor frío le recorría la frente y de nuevo la sensación de alerta volvía a aparecer.

Con el oido forzado al máximo, le pareció escuchar un deslizar metálico, pero no era capaz de identificar qué podía ser.

-“joder es un puto silenciador” -pensó, mientras empezaba a correr hacia el salón.

Jeff ya volvía de la cocina, cuando apareció en el salón, el tipo le estaba apuntando y Dan saltaba sobre él desde la habitación.

Pero la bala salió, no dio en su objetivo, la cabeza de Jeff, gracias a un golpe de Dan, la pistola se inclinó, pero no fallo del todo.

Con las manos en la herida Jeff observo como su hermano reducía aquel gigante.

-¿Jeff estas bien? ¡Tú! no te muevas o te vuelo los putos sesos.

-Si estoy herido, pero bien.

Un teléfono empezó a sonar en la gabardina del gigante.

Dan cogió el teléfono y se lo dio al tipo.

-Diles lo que quieren oír o te mato.

Entonces pulso para descolgar.

-Si, todo en orden, el encargo está en la cesta.

Dan tenia la cabeza pegada al teléfono, mientras apretaba con saña el silenciador contra el costado del gigante y pudo escuchar al otro tipo hablar.

-Bien, los accionistas le recompensaran, ahora desaparezca por unos meses.

-Da, señor.

El teléfono empezó a emitir pitidos cortos.

-Un ruso, ¿eres ruso? y tu amigo ¿de dónde es?

El único que hablo fue Jeff.

-Dan, creo que me estoy desangrando.

-Joder ¿a quién podemos llamar?

-Llama al detective Wells, ten mi teléfono, tengo su contacto. Es un policía, pero creo es legal.

Dan miro la situación, su hermano se desangraba, o mataba a aquel tipo y llamaba a una ambulancia, o él no podría salir de allí ¿qué opciones tenia?

-Señor Wells, soy Dan Wilson, quiero entregarme, pero solo a usted.

 

 

Nada es lo que parece

 

Dan corría de nuevo por las calles de Detroit, lo hacia en dirección contraria a las ambulancias que llevaban a su hermano y al gigante hacia el hospital y la morgue.

Antes de salir del apartamento, había podido enviar un sms a George, el mensaje no era muy claro, “te veo con ellos, payaso”, pero estaba seguro que él lo entendería.

El trayecto hasta el lugar de la posible cita se le hizo eterno, tenia la sensación de que todo el mundo le miraba.

Cuando llego al orfanato, se escondió en el jardín que daba acceso al hall de la entrada. Aquel lugar era un triste edificio de la década de los años treinta, sus paredes de tochos rojizos con dinteles grises llenos de moho, le daban un aspecto tétrico. Si George no los hubiera recogido y ayudado a sus abuelos, seguramente su hermano y él hubieran acabado allí.

-“George, es de los que pone Dios en la tierra para que pueda seguir girando, un ángel que se ha arremangado, dejando a un lado sus alas de blanco infinito,  para ayudar en el lodazal de los hombres”.- Pensó.

Estaba en esos pensamientos, cuando un ángel apareció y sin que nadie le dijera dónde tenia qué mirar, se detuvo justo en el jardín.

-Estoy aquí George.

-Hola Dan, sígueme, tengo un espació que me deja el orfanato cuando vengo de visita.

Los dos amigos, ángel y hombre entraron en el orfanato, el guarda de la puerta no estaba en ese momento, y un señor algo más joven que George parecía esperarles.

-Hola hermano, esta todo preparado.

-Dan, este es Herald, mi hermano pequeño y director de este orfanato.

-“¡Hermano! los envía de dos en dos a la tierra”. – Pensó Dan.

Cliente y abogado, entraron en una pequeña sala con las cortinas bajadas, donde una lampara de imitación Tyffani, daba luz a dos butacas, una pequeña mesita y un mueble bajo con un viejo televisor encima. En una de las butacas había ropa de la talla de Dan, incluyendo una cazadora de piel y una gorra de los Tiger de Detroit.

Dan explico a George la situación, la implicación de su hermano, los accionistas, el gigante, el tipo sin nombre y todo lo sucedido en el piso.

Cuando George empezaba a hacer preguntas, su hermano Herald entró en la sala.

Tenéis que ver esto, esta en todos los canales.

Herald encendió el viejo televisor, en la pantalla apareció la foto de Jeff en un recuadro y una reportera con el hospital Henry Ford al fondo.

Herald subió el volumen para escuchar a la reportera.

-Nos confirman la muerte del regidor Jeff Wilson, al parecer habría sido herido por un ladrón que irrumpió en su apartamento, los dos habrían luchado y el atacante habría muerto en el forcejeo de un disparo del arma que llevaba y esa misma arma habría  herido al regidor Wilson de muerte. Pese a haber llegado con vida al hospital, los médicos no  han podido salvarle la vida. Jeff Wilson era hasta ahora…-

Herald bajo el volumen mientras la reportera seguía explicando la terrible noticia.

-Lo siento, quieres que te traiga alguna cosa, un té, un poco de agua- Torpemente Herald intentaba consolar a Dan.

-No gracias, George debo irme, debo encontrar al responsable o que él me encuentre a mí.

-Pero no estás en condiciones y menos después de esto -Le respondió George con tono preocupado.

-No te preocupes amigo, voy a acabar con él, mira las noticias, cuando me veas por televisión necesitaré un abogado ¿Podré contar contigo?

-Si matas a ese hombre no te defenderé, me conoces desde que eras un crío, ya deberías saberlo.

-Lo entiendo, gracias igualmente. Herald, gracias por la ropa.

-Gracias a ti, por dar a mi hermano un motivo para seguir adelante hace muchos años y por favor, no hagas ninguna locura.

Dan salió de la sala dejando solos a los dos hermanos.

Cuando George conoció a Dan y Jeff, lo habían echado de un prestigioso despacho de abogados, donde se dedicaba a defender a multinacionales de la automoción. Su mujer le abandono cuando el dinero dejo de llegar en abundancia y George cayó en una depresión, hasta que, tuvo otro motivo por el que luchar.

-Herald, no deberías haber dicho eso.

-Ese chico y su hermano te salvaron la vida, sin ellos, sin su motivo, ahora serias un alcohólico, o algo peor, ya no estarías con nosotros. Cuida de él, es un buen chico que se siente acorralado.

 

Dan se dirigía a una nueva cita, esta vez había quedado en el puente Chestnut, fue el primer lugar que se le ocurrió y donde sabia que nadie haría preguntas.

Cuando llegó, solo había un  sin techo, uno que no recordaba de la noche anterior, el resto debían estar buscando alimento entre los restos de aquella enorme ciudad.

Dan se quito la gorra y saludo al nuevo con la cabeza.

Este, para sorpresa de Dan,  le indicó que se acercara con la mano.

-¿Dan Wilson?

-¿Quién lo pregunta? Dan se puso en tensión y cerro los puños mientras miraba a su alrededor.

-Un amigo, no se preocupe.

Dan miro al vagabundo y empezó a darse cuenta de que habían piezas que no encajaban, Aquel hombre olía bien, tenia las uñas con la manicura echa y los dientes de un blanco perfecto. Sin embargo su instinto no le estaba avisando de ningún peligro.

-Tranquilo, soy un amigo, seremos seis y su contacto, somos un equipo pequeño, pero a estas alturas no nos fiamos de ningún efectivo local y no podemos pedir refuerzos sin despertar sospechas.

-Entiendo, ¿entonces cuál es el siguiente paso?

-Vuelva a su apartamento, deberá llegar a las catorce en punto.

-Pero allí hay siempre alguien vigilando, no podré entrar.

-Catorce en punto- Le respondió el vagabundo mientras se levantaba, cogía un carro y empezaba a alejarse.

Cuando Dan llegó a la esquina de la calle que daba a su apartamento, miro con cuidado y allí estaba el uniformado, como le había dicho a aquel vagabundo vip, era obvio que no podría llegar, entonces miro su reloj y se dio cuenta de que faltaba un minuto para las catorce horas, pero que podía cambiar. Mientras pensaba su reloj emitió un pequeño pitido.

De repente, se oyó un fuerte golpe que procedía de su calle, al parecer un coche se había estrellado cerca de la entrada a su apartamento, enseguida el uniformado que estaba en la puerta se acercó a ver lo ocurrido y varios curiosos hicieron lo mismo, rodeándolo  por completo.

Dan empezó a correr hacia la puerta, nadie se fijo en él y pudo entrar en el edificio sin problemas. Una vez en la escalera, oyó varios pasos más que subían detrás de él, pero ya casi estaba en su puerta y no le alcanzarían. Metió la mano en el bolsillo de su cazadora prestada, pero las llaves no estaban allí, en su lugar había un agujero que daba al forro interior. No tenia tiempo, los pasos estaban cada vez más cerca, forzó el agujero al limite de su mano y consiguió llegar hasta las llaves. Los pasos estaban ya en el rellano del pasillo, abrió la puerta, entró y la cerró tras de él apoyándose contra ella. Estaba dentro.

Sin hacer ruido se acercó a la ventana, retiró suavemente las cortinas y pudo ver la calle. Allí el policía atendía a una chica de un golpe que parecía muy aparatoso, pero que visto desde arriba no era más que un  para golpes y un capo abollados, contra una toma de agua de bomberos.

Dan se giro y se puso de rodillas, palpando el suelo buscaba la madera hueca donde tenia su Beretta con algunas balas de repuesto.

-¿Busca usted esto? Le dijo una voz al fondo del salón.

Dan no se movía, tenia la cabeza pegada al suelo, con tan poca luz no había visto que tenia compañía, tampoco noto nada al entrar ¿cómo le había podido pasar?

El tipo encendió una pequeña luz de la mesita auxiliar.

Dan pudo ver entonces a su acompañante, estaba sentado en su  butaca, vestía de negro, tenía una desagradable sonrisa en la cara y en la mano su pistola Beretta.

-¿Quién es usted y que hace aquí?

-Siempre igual, que más da mi nombre, llámeme como desee.

-¿Es usted un accionista?

-No por favor, me alaga, yo solo soy una herramienta, nada más.

-¿Y ahora qué? ¿Va a matarme? En la puerta hay un policía.

-Sí, nuestro policía, joven y estúpido, se trago enseguida su accidente, yo sin embargo lo vi como una señal. Es cierto que  no estaba seguro de que volviera, pero el dinero que guardaba su hermano en su apartamento era demasiado atractivo para no intentarlo ¿Verdad?

-¿Va a matarme?

-No, lo va a hacer usted, esta tan triste por la  muerte de su hermano y acorralado por la muerte de Susan Jefferson, que se va a suicidar.

Dan pensaba en cómo salir de allí con vida, pero algo también le impulsaba a saber más.

-Ya que me va a matar, me puede explicar por qué a mí.

-Ah mi querido amigo, el destino, Susan era una de nuestras mejores agentes, nivel uno, incluso se casó siguiendo el programa, una tapadera increíble, pero por desgracia apareció su hermano, joven, interesante y como usted bien sabe, atractivo.

-Pero mi hermano estaba con ustedes, porque matar a Susan.

-Su hermano es un idiota, le tendimos una trampa hace un tiempo con una menor y desde entonces nos debía lealtad, pero Susan se enamoro de él y quiso contarle la verdad, sobre la menor que en realidad no lo era, incluso contacto con el gobierno para cerrar un trato de protección de testigos para los dos, por suerte que llegamos a tiempo.

-Y yo ¿qué pinto yo?

-Usted es el elemento sorpresa, nadie contaba con usted en aquel callejón, pero fue una aparición estelar. Sí, todo salía a pedir de boca, pero no contábamos con los remordimientos del alcalde ¿sabe que también estaba enamorado de Susan? Por suerte pudimos recuperar su carta de despedida.

-¿Y el ruso?

-¿Aleksi? una gran perdida, no entiendo cómo su hermano moribundo pudo acabar con él, quizás se estaba haciendo mayor. Pero no preguntaba eso ¿verdad? En la carta Peter Jefferson daba todo los detalles de nuestros acuerdos y en ellos se incluían los referentes a su hermano, como puede ver,  no nos quedo más remedio que actuar.

Dan ya lo tenia todo claro, como siempre en todas las historias, había una parte de suerte que solo el destino asignaba a sus protagonistas. Su hermano había sido un iluso engañado y manipulado, Susan Jefferson, era lo que los cristianos llaman una salvada, pues se había arrepentido a tiempo y Peter Jefferson, era realmente un buen alcalde, un buen hombre al que habían acorralado incluso en su matrimonio. Una triste historia.

-Señor Wilson, Dan ¿Está conmigo? Lo lamento pero debemos acabar.

No lo podía creer, aquel tipo se estaba levantando y le iba a disparar, el único poli que había cerca estaba comprado. Si le disparaba por delante, nadie creería lo del suicidio, pero que mas daba, tenían gente comprada en el sistema, seguramente también a alguien para que certificara su suicido.

El tipo sin nombre amartillo la Beretta y apunto a Dan, se oyeron dos impactos y un cuerpo cayó.

Al mismo tiempo la puerta del apartamento crujió y 4 agentes entraron protegidos por escudos y con pistola en las mano.

Detrás de ellos apareció la figura de Jhon Wells,  Dan lo miro y asintió con la mirada.

-¿Cómo esta hijo?

-Estoy bien, gracias detective, pensaba que me habían abandonado.

-Veo que no me conoce – Le respondió con una sonrisa.

Wells se acerco a la ventana e hizo una señal con el pulgar.

-Hemos tenido que usar franco tiradores, la cámara de la puerta topo con una tabla del suelo mal ajustada y no nos daba una imagen segura de su posición- Le dijo a Dan sin mirarlo.

-¿Y mi hermano?

-Esta bien, podrá verlo unos minutos, lo hemos preparado todo, después no tendrán más contacto, su hermano entrará en el programa de protección de testigos del gobierno, el departamento de justicia ya lo ha aceptado.

-¿Y yo?

-Usted, usted es libre, el FBI llevaba tiempo detrás de los accionistas, con el ruso y ahora este, tienen un filón de donde tirar, cuando los dardos de este tipo dejen de hacer efecto, estará camino de una prisión de máxima seguridad, junto a su amigo ruso.

-Señor Wells ¿le puedo hacer una pregunta?

-Jhon, por favor, puede llamarme Jhon.

-Jhon ¿porqué confio en mí?

-Intuición, sabia que su hermano no había sido y el policía que encontró a Susan se contradijo en su declaración y luego apareció el FBI con una historia increíble sobre un lobby llamado los accionistas, usted no encajaba por ninguna parte.  Por eso le ayude.

-Y la pistola ¿Cómo sabia que no iba a dispar?

-Porque la colocamos nosotros después del registro, uno de los perros olió la pólvora, la sacamos y después la volvimos a dejar en su sitio con el martillo manipulado. Si usted iba a usar un arma contra nosotros,  mejor que fuera la suya.

Jhon Wells puso la mano en el hombro  de Dan y lo miro a los ojos.

-En mi oficio, nada es lo que parece

Dan Wilson pudo  ver una vez más a su hermano, nadie reclamo el dinero que había en su apartamento así que sin seguir los consejos de George se lo gasto todo, cuatro millones de dólares.

 

 

Detroit, un año después.

-Dan ¡me estas pisando!

-Lo siento George, con esos zapatones no sé dónde empiezas y dónde acabas.

-Esta bien, pero mira por donde pisas ¿No nos vas a presentar?

-Perdón, sí, estas es Catherine, nos conocimos en los almacenes.

-Encantado Catherine, cuida de este, aunque por lo que sé ya lo has hecho en el pasado.

La joven esbozo una complice sonrisa.

-¡Dónde está mi sombrero!

-Vamos George ¿Porqué estas tan nervioso?

-¿Qué porqué estoy nervioso? Un benefactor dona cuatro millones de dólares al orfanato,  lo inauguramos hoy y tengo media ciudad en en la sala, además de mis niños, que porqué estoy nervioso dice.

-Tu haz lo que sabes, haz el payaso y todo saldrá bien, confía en mí.

Con el tiempo CZ Dan paso a ser sólo Dan y más tarde payaso Dan, pero esa es otra historia, donde seguramente, nada es lo que parece.

 

Fin